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El cambio en las organizaciones: Personas y valores en el centro

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TALENT MANAGEMENT

En un entorno social, geopolítico y de mercado cada vez más dinámico, asumir que el cambio es la única constante se ha convertido en una máxima que cualquier organización que aspire a perdurar tiene que integrar en su plan estratégico y de gestión. Resistirse a ese cambio solo conduce a la pérdida de competitividad y de visión. Por eso, más que evitarlo o temerlo, debemos aprender a asumirlo, comprenderlo y gestionarlo desde una perspectiva positiva, como una oportunidad para evolucionar, sin olvidarnos de mantener aquello que hacíamos bien.

Sin embargo, adaptarse a ese cambio no puede significar dejar atrás a las personas, ya que son el motor real de cualquier transformación y el recurso más valioso del que dispone una empresa. Cuidarlas, acompañarlas y escucharlas no es solo un acto de coherencia ética, sino también una estrategia imprescindible para lograr una buena gestión del cambio.

En este proceso es esencial tener claro quiénes somos y en qué creemos. Los valores corporativos —los auténticos, no los que se escriben en una pared— actúan como un faro cuando el entorno se vuelve incierto. Son los que marcan el límite entre «cambiar para mejorar» y «cambiar a cualquier precio». Cuando los valores se mantienen firmes, la gestión del cambio se convierte en una oportunidad para reafirmar la identidad y no en una amenaza que la diluye.

Los cambios demográficos que se han ido produciendo en los últimos años añaden nuevos retos a las organizaciones. El primero es la atracción y retención del talento joven, un desafío creciente provocado por las diferencias de prioridades intergeneracionales existentes. Aplicar estrategias del pasado ya no funciona. Cada generación comparte un modelo de creencias y valores diferente, y las prioridades que una mujer de 50 años tiene para entender que un trabajo es atractivo cada vez coinciden menos con las que tiene una mujer de 23. Preguntar y escuchar qué valora la generación Z en un puesto de trabajo facilitará esa atracción del talento, cada vez más escaso.

Otro desafío ineludible es la convivencia con personas de diferentes culturas. Las organizaciones son cada vez más diversas, globales y multiculturales, y esta diversidad, bien gestionada, es una fuente de riqueza. Aumentar la inteligencia cultural de las personas, proporcionándoles conocimientos sobre las diferencias culturales existentes en su organización y herramientas que les permitan entender y hacerse entender, convierte un conflicto potencial en una auténtica oportunidad.

Y, por supuesto, seguimos inmersos en la cuarta revolución tecnológica, que no es una moda, sino un cambio estructural y permanente. La inteligencia artificial, la automatización o el análisis masivo de datos han llegado para quedarse. La cuestión ya no es si debemos incorporarlos, sino cómo hacerlo sin perder de vista la ética, la transparencia y el impacto humano. La tecnología debe ser una aliada, no una sustituta ni una amenaza. Para conseguirlo, merece la pena apostar por las habilidades personales.

En este mundo de cambio constante, en el que no sabemos si un puesto de trabajo concreto seguirá siendo necesario dentro de cinco años, lo que sí sabemos es cuáles serán las habilidades más demandadas. Necesitamos personas capaces de surfear la ola del cambio, con flexibilidad, pensamiento crítico, toma de decisiones, liderazgo y creatividad. Estamos viendo cómo las anteriormente llamadas habilidades blandas se han convertido en auténticas habilidades estratégicas.

Como pudimos ver en la reciente Guía Salarial 2026 de LKS Next, los nuevos puestos que irrumpen con fuerza en el mercado laboral vasco y que hace pocos años ni siquiera existían están relacionados con dos palabras clave: talento y tecnología. Ejemplos de ello son perfiles como el de técnico/a de atracción del talento o la jefatura de ciberseguridad.

En definitiva, enfrentarse o no al cambio no es una opción, sino un camino inevitable que debemos recorrer con intención, responsabilidad y estrategias definidas. Las organizaciones que saldrán reforzadas serán aquellas capaces de mantenerse fieles a sus valores mientras evolucionan, de situar a las personas en el centro y de entender que la adaptación continua es la nueva forma de permanecer estables.

Silvia Carreras, responsable del equipo de transformación organizacional en LKS Next.

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