El pasado 28 de febrero se produjo un ataque coordinado entre Israel y Estados Unidos a Irán que conllevó la muerte del jefe del estado de Irán, la desaparición de una parte importante de la cúpula del régimen de ese país, y la generalización de hostilidades en una zona siempre delicada del planeta en la que en las últimas décadas han abundado los conflictos y guerras por razones religiosas, territoriales, económicas y políticas de distinta índole. El Golfo Pérsico, escenario de las hostilidades, es una zona de gran importancia estratégica por su ubicación, ya que sirve de paso para el tránsito del petróleo y del gas que se produce en dicha zona, fuentes de energía indispensables para la industria europea y china, y porque los países ubicados en dicha zona, además de ser países que han realizado importantes inversiones en muchas empresas europeas, son también clientes relevantes de la industria europea que puede verse seriamente afectada si el conflicto se alarga en el tiempo.
Sin ánimo de profundizar en las consideraciones de orden geopolítico que este conflicto armado puede conllevar, lo cierto es que abre un periodo de gran incertidumbre industrial y comercial que puede incidir sobre nuestras empresas. En primer lugar, la consecuencia directa que se está produciendo es el encarecimiento del petróleo y del gas, ante las dificultades para su extracción y transporte, lo que está generando un incremento considerable de los precios de dichas fuentes de energía, que va a traer consigo el inevitable aumento del importe de los productos y una creciente inflación. En segundo lugar, también va a traer consigo un perjuicio evidente para las líneas marítimas de transporte que transitan por el Estrecho de Ormuz, cuyo cierre está anunciando Irán que se puede producir de forma inminente, con lo que estaría impidiendo que pudiera salir el petróleo y gas de los países del Golfo Pérsico, que alimenta la industria energética mundial, incrementándose, al mismo tiempo, de forma significativa los costes y tiempos de tránsito de las mercancías procedentes de China, ya que se verían obligadas a bordear África y ser desplazadas por el Océano Atlántico por las dificultades con las que se pueden encontrar los portacontenedores que traten de atravesar el Canal de Suez por los bombardeos de los hutíes yemeníes, aliados tradicionales de Irán. En último lugar, la propia situación bélica puede afectar también a las ventas que nuestras empresas están llevando a cabo a los países del Golfo Pérsico. Su delicada situación puede aplazar temporalmente sus decisiones empresariales, produciendo una ralentización de los intercambios internacionales y cierta paralización de las transacciones comerciales con dichos países.
Nos encontramos, en definitiva, ante un escenario sombrío e imprevisible. No sé sabe a ciencia cierta si va a aclararse en pocas semanas o, por el contrario, puede convertirse en un conflicto bélico que se prolongue en el tiempo con las muy negativas consecuencias que ello podría suponer con el alza de los precios energéticos, el aumento de la inflación y un debilitamiento considerable del comercio mundial. Es momento de esperar, y confiar en que la situación se pueda reconducir. Entre tanto, no queda otro remedio para las empresas que actuar con prudencia, y tomar las decisiones teniendo presentes las cambiantes circunstancias actuales, para lo cual habrá que estar muy atentos a las noticias que se vayan produciendo, ya que pueden modificar los escenarios comerciales muy rápidamente y obligar a las empresas a cambiar sus estrategias de forma especialmente ágil.
