La creciente presencia de fondos internacionales en empresas vascas ha sido recibida habitualmente con satisfacción porque ha supuesto un respaldo notable a la situación financiera de nuestras empresas, y una importante inyección de liquidez para el tejido empresarial vasco. La entrada de capitales foráneos ha servido para internacionalizar nuestro entramado empresarial, haciendo que fuera más conocido en otras latitudes y que adquiriera un mayor músculo financiero. No es necesario, por tanto, insistir en los beneficios que las inversiones extranjeras han traído consigo a la economía vasca. Eso explica que nuestras autoridades públicas hayan venido realizando este tipo de políticas dirigidas a atraer capitales foráneos como instrumento idóneo para insuflar nuevas inversiones a nuestro tejido empresarial.
Sin embargo, en los últimos tiempos se ha advertido que la entrada de esas inversiones también genera ciertos inconvenientes. El desplazamiento de la toma de decisiones empresariales a otros lugares, ha hecho que algunas empresas vascas en las que participan dichos fondos, hayan perdido parte de su peso específico e, incluso, en algún caso, se haya producido su cierre como consecuencia de la estrategia del fondo dominante que ha optado por desviar sus inversiones a otros mercados. Ello explica que desde hace algún tiempo las autoridades vascas hayan iniciado un cambio de política, impulsando alianzas público-privadas con operadores empresariales y financieros con el fin de mantener el arraigo de empresas de indudable magnitud e implantación en el territorio. Esto ha sucedido en aquellos casos en que los fondos internacionales, anteponiendo el interés del grupo, han puesto en duda la rentabilidad de su inversión en la empresa y han propuesto su desmantelamiento parcial o, incluso, su cierre.
En este sentido deben recibirse con satisfacción las noticias publicadas últimamente que dan cuenta del éxito que están alcanzando este tipo de alianzas. Ya hace un tiempo se informó de que una alianza entre cierta empresa vasca, algunas entidades financieras y un vehículo financiero constituido por el Gobierno Vasco, había hecho posible adquirir una empresa del ámbito ferroviario cuya continuidad en el territorio estaba en peligro. Una importante cadena de supermercados que pertenece a un potente fondo extranjero parece que va a ser transmitida a un grupo de inversores vascos que han presentado una oferta a dicho fondo para hacerse con el control de la empresa y conseguir así que la toma de decisiones se haga en clave territorial. De igual forma se ha conocido recientemente que otra empresa vasca, que había sido adquirida por otro grupo empresarial, y que había despertado el interés de potentísimos fondos de inversión extranjeros va a ser adquirida por un grupo de inversores vascos, entidades financieras del territorio y el apoyo del Gobierno Vasco a través de su vehículo inversor.
Estamos asistiendo, en definitiva, a un interesante, y, necesario, proceso de transformación de la política inversora de nuestras autoridades públicas que ven nuevamente conveniente tomar parte en el capital de ciertas empresas de especial significación. Dicho cambio de perspectiva tiene por objeto recuperar el arraigo de algunas empresas de gran relieve en el territorio con el fin de mantener el peso específico que tradicionalmente ha ostentado entre nosotros el tejido industrial. Los beneficios que se consiguen reforzando el arraigo de las empresas son indudables en términos de mantenimiento de empleo, condiciones laborales y generación de riqueza para la sociedad. Es momento de que los operadores económicos del entorno colaboren con las instituciones públicas para llevar a cabo esta trascendental tarea. Muchos de ellos están dispuestos a hacerlo. Se trata, por tanto, de encontrar los instrumentos adecuados para que se lleve a cabo una mayor colaboración pública-privada en las inversiones empresariales de nuestro entorno. Nuestro futuro a corto o medio plazo depende de ello.
El 27 de noviembre el consejero de Industria, Mikel Jauregi, durante el encuentro Emprendimiento e industria en Navarra y el País Vasco, celebrado en Noain, explicó que el grupo vasco “está pujando” para hacerse con Ayesa IT –la rama tecnológica del grupo sevillano– y que el objetivo prioritario es claro: lograr que Ibermática, nacida en Gipuzkoa en 1973, “vuelva a Euskadi” y garantice desde aquí su futuro.
Aunque el acuerdo de exclusividad supone un avance muy relevante, Jauregi quiso matizar que la oferta “asegura únicamente la posibilidad” de cerrar la operación. Y es que la puja no estaba ni mucho menos decidida. Fondos internacionales de enorme tamaño, como Blackstone, HIG y CapVest, también habían mostrado un interés firme por la división tecnológica de Ayesa, cuyo valor se estima en torno a los 500 millones de euros. La competencia era fuerte y la decisión final no llegó hasta hoy mismo.
En la explicación del consejero subyacía un mensaje central: el riesgo real de que la venta de Ayesa IT a terceros derivase en un proceso de desarraigo, debilitando un sector que las instituciones consideran estratégico. “La venta a terceros tiene un riesgo que hay que evitar para un sector estratégico recogido en el Plan de Industria-Euskadi 2030”, recalcó Jauregi. La apuesta vasca por la tecnología –digitalización, ciberseguridad, inteligencia artificial, analítica avanzada, infraestructuras de software– se materializa así no solo en subvenciones o programas de emprendimiento, sino en movimientos corporativos de alto calado, como ya ocurrió con la reciente entrada público-privada en Talgo.
